El Consorcio cuenta con un programa de cribado del melanoma con el objetivo de diagnosticar de forma precoz esta enfermedad de la piel y actuar lo más rápidamente posible.
De esta forma se pretende aumentar la supervivencia y calidad de vida del paciente, explica la dermatóloga responsable del programa, Arantxa Torrijos, quien precisa que a pesar de que el melanoma es un tumor poco frecuente (entre 3 y 6 casos por cada 100.000 personas) presenta elevadas tasas de morbimortalidad.
De ahí la importancia del diagnóstico en los estadios iniciales del tumor, ya que un melonoma de poco espesor extirpado precozmente supone una supervivencia superior al 95 por ciento tras los cinco años.
El melanoma es un tumor maligno derivado de los melanocitos –células que confieren el pigmento a la piel- que puede afectar tanto a la piel, como a las leptomeninges y al globo ocular.
Su peligro estriba en que tiene una gran capacidad de metástasis, puesto que las células tumorales pueden invadir los vasos sanguíneos y linfáticos y alcanzar cualquier órgano, principalmente los ganglios, el cerebro, pulmones e hígado.
Para llevar a cabo el programa de detección precoz, el Consorcio dispone de una dermatoscopia digital, un equipo que permite al especialista el análisis de las lesiones pigmentadas.
Estas imágenes quedan registradas en un ordenador, por lo que en una siguiente revisión –que se realizará a los seis o doce meses- el aparato superpone las imágenes y el especialista comprueba así si durante ese periodo transcurrido se ha producido alguna alteración de las pecas.
“Las claves están en comprobar si esas pecas han variado su tamaño, color o presentan bordes irregulares”, subraya la dermatóloga.
Normalmente el melanoma es asintomático, pero en el caso de que la persona note picor, ulceración, sangrado a aumento de tamaño de los lunares debe acudir al especialista.
Para prevenir la aparición del melanoma hay que extremar la precaución a la hora de exponerse al sol. Lo aconsejable es usar cremas solares con un factor de protección 30, explica la doctora, quien puntualiza que los bebés menores de seis meses no deben tomar el sol ni siquiera con el uso de cremas protectoras.