Las personas que padecen Alzheimer llegan a no reconocer a sus familiares durante la fase más aguda de la enfermedad y sufren una desorientación temporal y espacial, así como alucinaciones sensoriales, disminución del juicio, problemas con el lenguaje y cambios de carácter.
Antes del diagnóstico, los familiares advierten en el paciente una serie de trastornos como falta de precisión para la realización de actividades cotidianas, aturdimiento, errores de repetición, cambios de carácter sin motivo e intento de disimular las pérdidas de memoria y los continuos despistes.
Ante estos síntomas, es preciso acudir al especialista, destacó el doctor Cerdá, quien agregó que una vez diagnosticada la enfermedad tras un exhaustivo examen médico, el tratamiento requiere la intervención de un equipo multidisciplinar integrado por neurólogos, psicólogos y terapeutas ocupacionales.
La enfermedad tiene varias fases que van desde la inicial o leve hasta la avanzada en la que el paciente muestra incapacidad para comer, tiene dificultades para respirar, presenta falta de autonomía, pérdida total de memoria, entre otros síntomas.
No obstante, Cerdá destacó que no todas las personas que sufren una pérdida de memoria tienen Alzheimer. De hecho, entre un 25 y un 50 por ciento de las personas de más de 65 años tienen olvidos y despistes debidos, fundamentalmente, al estrés.
El tratamiento del Alzheimer incluye medicación para frenar la progresión de la enfermedad y la participación del paciente en talleres de memoria y terapia cognitiva encaminados a reforzar la memoria.
“El papel del cuidador es fundamental”, subrayó el especialista, ya que al tratarse de una enfermedad progresiva en la que el deterioro del paciente es cada vez mayor es necesario que los familiares reciban unas pautas de actuación, así como consejos para prevenir el estrés, cansancio y ansiedad que pueden aparecer cuando se está al cuidado de estos pacientes.
Las causas de la enfermedad son todavía una incógnita para los especialistas, aunque se han abierto varias líneas de investigación en el ámbito de la genética para determinar si los antecedentes familiares constituyen un factor de riesgo, así como en el campo de las células madre para llegar a determinar qué origina esta patología.